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El hombre que imprime casas: ICON y la apuesta privada contra la crisis de vivienda en EE.UU.

Un excooperante convertido en empresario construye casas con impresoras 3D en Texas; Wells Fargo ya ofrece hipotecas para ellas, y la demanda superó por primera vez la capacidad de la compañía.
Foto: time.com
jueves 3 de septiembre de 2026

Jason Ballard creció en la costa del Golfo de México viendo huracanes arrasar su pueblo una y otra vez. «Mi familia pasó Navidades en tráilers de FEMA», le dijo a TIME. «La crisis global de vivienda no es una estadística para mí. Es algo que he vivido en carne propia, en la vida de mis vecinos y de la gente que quiero.»

Esa memoria personal es el punto de partida de ICON, la empresa que Ballard cofundó en 2017 en Austin, Texas. Su negocio: imprimir casas en 3D con grandes máquinas que apilan capas de un material similar al concreto, hasta levantar estructuras completas sin las herramientas tradicionales de la construcción.

La escena lo dice todo sobre el problema que Ballard dice haber identificado. Antes de fundar ICON trabajó en un refugio para personas sin hogar en Boulder, Colorado, y ahí se convenció de que la manera en que Estados Unidos construye viviendas necesitaba un replanteamiento de fondo. Hoy, según cifras citadas por TIME, cerca de 750,000 personas viven en situación de calle en el país, una crisis que se agrava por la escasez de mano de obra y la volatilidad en la cadena de suministro de la industria de la construcción.

ICON ya ha impreso 260 casas y otras estructuras. La compañía afirma que su sistema puede imprimir una vivienda de 2,500 pies cuadrados en menos de siete días, reduciendo el desperdicio de construcción, abaratando costos y produciendo muros capaces de resistir incendios, huracanes y otros desastres naturales.

«La construcción siempre ha sido llegar con serruchos, pistolas de clavos y cintas métricas», dice Ballard. «En el futuro, los constructores llegarán con tabletas, materiales avanzados y robots.»

Para entender el presente hay que volver al obstáculo que durante años frenó el negocio: los prestamistas dudaban en financiar este tipo de vivienda porque temían que no se apreciara en valor tan rápido como una casa tradicional. El giro llegó en mayo, cuando Wells Fargo anunció que empezaría a otorgar hipotecas para las casas impresas en 3D de ICON, además de un crédito para quienes eligieran esa opción. El banco sostiene que la tecnología tiene potencial para reducir costos de construcción y tiempos de entrega.

Los detalles cuentan la historia del momento que vive la compañía. ICON comenzó a tomar reservaciones para su impresora Titan —capaz, a diferencia de modelos anteriores, de imprimir edificios de varios pisos— a un precio de aproximadamente 899,000 dólares, con entregas previstas para 2027. Este año, por primera vez, la empresa recibió más pedidos de los que podía cumplir. «Durante ocho años peleamos muy fuerte por cada proyecto, así que se sintió extraño tener que rechazar algunos», dice Ballard. «Pero la demanda me convence de que este enfoque va a formar parte de las herramientas de la humanidad.»

Ballard no oculta su entusiasmo por proyectos más ambiciosos. Apenas puede contener la emoción al hablar del trabajo de ICON con la NASA para desarrollar conceptos de impresión 3D que permitan construir estructuras en la Luna usando materiales lunares. «La historia de la exploración es que hay que aprender a vivir de la tierra», dice. «No creo que la Luna vaya a ser la excepción.»

Pero también se describe a sí mismo como alguien profundamente terrenal. Con un ligero acento sureño y el fervor de un predicador, cuenta que su abuelo, un refinero pobre y sin educación formal al que llamaba «Papaw», le enseñó el romance y la dignidad de trabajar con las manos. «Monto a caballo y construyo robots», dice Ballard. «No me considero un cowboy ni un tipo de tecnología, sino alguien que sigue su corazón.»

La trastienda de esta historia no es solo tecnológica. Es la de un prestamista tradicional —Wells Fargo— decidiendo, después de años de cautela, poner capital privado detrás de una tecnología de construcción todavía joven. Ese movimiento, más que cualquier programa público, es el que en este caso destrabó el acceso al crédito para un tipo de vivienda que promete construirse más rápido y más barato.

El desenlace de esta historia todavía no está escrito. ICON tiene más pedidos de los que puede cumplir, una impresora nueva con entregas hasta 2027 y un banco dispuesto a financiar su producto. Si esa combinación de riesgo privado, demanda real y tecnología logra escalar, podría convertirse en una muestra más de cómo la iniciativa empresarial, cuando encuentra respaldo financiero privado, es capaz de mover, aunque sea en un margen pequeño, un problema tan grande como la crisis de vivienda en Estados Unidos.

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