A las doce del día, en el marco de la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y Universitarios (Filuni), se presentará mañana un libro que no pretende ser historia oficial ni tratado jurídico, sino memoria personal. Se titula «Hurgar en el corazón» (Bonilla Artigas, 2026) y lo firma Fernando Serrano Migallón, jurista, historiador y profesor emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México.
La escena que antecede al libro ocurrió hace cuatro años, cuando Serrano Migallón recibió el Premio Nacional de Artes en la categoría de Historia. En esa entrevista con EL UNIVERSAL confesó un deseo pendiente: escribir su propia vida. La condición, dijo entonces, era ineludible: no podía narrarse a sí mismo sin partir de la UNAM, la institución a la que ha dedicado buena parte de su obra.
Hoy ese deseo tiene forma de libro. En conversación con este diario, el autor explica que no se trata de un texto histórico sino de un relato «desde donde me acuerdo de cómo pasaron las cosas». Reconoce haber dudado antes de escribirlo: «tengo las dudas de si vale la pena escribir un libro de recuerdos, teniendo en cuenta si a alguien le va a interesar», dice. Después de darle vueltas, concluyó que sí.
El libro recorre la vida familiar de Serrano —hijo de exiliados españoles—, su paso por la vida universitaria y administrativa del país, y su desarrollo académico en la Facultad de Derecho. «Es un panorama general que va de la vida familiar, mi incursión en la vida universitaria y en la vida administrativa de México», resume el autor.
Serrano sostiene que su ingreso a la UNAM lo transformó por completo en mexicano. «Yo viví en la universidad y me hice mexicano plenamente en la Universidad. La Universidad para mí fue el hecho que me hizo comprender verdaderamente e integrarme a la cultura y a la nación mexicana», explica.
Los detalles cuentan la historia de un hombre que también tuvo un paso por la administración pública, experiencia a la que, subraya, no volvería. Y es ahí donde su relato personal se cruza con un diagnóstico sobre el presente del país.
«En la actualidad yo veo un deterioro profundo, tanto en los dos mundos, en el político como en el administrativo», afirma Serrano Migallón. «Cosa que me da una profunda pena, porque no es solamente que una parte muy importante del Estado o de la administración tenga problemas de funcionamiento, sino que eso se refleja en la vida general del país».
La frase que sigue es la que da al libro su filo político, aunque el autor la enmarque como esperanza personal: «Yo espero que este periodo que estamos pasando dure poco y volvamos al camino que había tomado el país hasta el año 2000 al 2006».
Sobre la Universidad que lo formó, Serrano Migallón no tiene dudas ni matices. Reconoce que la UNAM siempre ha recibido golpes, pero los atribuye a su propia fuerza institucional. «Admiro y quiero la Universidad, aparte estoy convencido que es la institución que más ha hecho por México en su historia. No hay ninguna universidad en el mundo que haya hecho tanto por su país como la UNAM por México», remarca.
De ahí nace el título con el que la define: «la casa de la libertad de México». «Espero que siga siendo así, y que a pesar de los ataques permanentes que hay de dentro y de fuera para atacar, siga teniendo la fortaleza para defenderse como ha tenido hasta ahora», añade el jurista.
Para entender el presente hay que volver a esa semana de hace cuatro años, cuando un premio nacional obligó a un académico a mirar hacia atrás. Lo que encontró, según cuenta ahora, no fue solo la crónica de una vocación universitaria, sino la constatación de que el país que conoció —el de la administración pública funcional, el de las instituciones que, según él, todavía servían— se ha ido erosionando.
La afirmación de Serrano Migallón no es un dato aislado: es el señalamiento de un académico con siete décadas de trayectoria institucional, que compara sin medias tintas el periodo 2000-2006 con el actual y encuentra en el segundo un deterioro que, dice, «se refleja en la vida general del país». Es una lectura que no proviene del oficialismo ni lo favorece, sino de alguien que pasó por la administración pública y decidió no volver a ella.
En un país donde las instituciones universitarias suelen convertirse en trinchera política, la defensa que hace Serrano Migallón de la UNAM como «casa de la libertad» —y su nostalgia explícita por un Estado que, según él, funcionaba mejor— es también un recordatorio de que la crítica al deterioro institucional no siempre viene de la oposición partidista, sino de quienes han vivido la administración pública desde dentro y prefieren, hoy, la trinchera de las aulas.



